Viajar a Marruecos es como cambiar de mundo en solo unas horas. No hace falta cruzar medio planeta para sentir que estás en un lugar completamente distinto. Esa es una de las primeras razones para visitarlo: está cerca, pero todo allí es nuevo. El idioma, la comida, los paisajes, el ritmo del día. Perfecto para quienes buscan una escapada que sorprenda sin necesidad de recorrer miles de kilómetros.
Otra razón es que Marruecos tiene personalidad. No intenta parecerse a nadie. Lo mismo estás caminando por un mercado lleno de vida, que te pierdes en un rincón silencioso donde el tiempo va más despacio. Hay un equilibrio curioso entre el caos y la calma, y eso lo hace interesante. Nunca sabes qué te espera en la siguiente esquina.
Y por último, porque viajar a Marruecos no se queda solo en ver cosas. Se convierte en una experiencia completa. Comes con las manos, regateas aunque no lo sepas hacer, y aprendes palabras que no están en tu idioma. Te cambia el chip sin que te des cuenta. Es un país que no se visita, se vive. ¿Te imaginas en ese escenario? Pues no es tan difícil.